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Uno de los tema que desde la Asociación queremos poner sobre la mesa es la inclusión educativa. Y nos referimos no sólo a la inclusión en el entorno escolar, si no en la capacidad que tenemos las familias de educar en la solidaridad, equidad y cooperación.

Mientras nuestros hijos e hijas están bajo nuestro cuidado, no entramos en conflicto con los valores del resto de la comunidad y en los espacios comunes nos relacionamos con las personas con las que creemos tener ideas, valores o actitudes que entran dentro de nuestro esquema vital y moral.

Pero cuando tenemos que elegir la escuela o el colegio al que llevaremos a nuestros hijos e hijas nos encontramos con una realidad diversa, rica en matices, colores y raíces que están muy lejos de la escuela que vivimos en nuestra infancia. Y es aquí donde nos hemos encontrado con actitudes que están muy lejos de ser consecuentes con lo que decimos o pensamos mientras nos encontramos en nuestra zona de confort.

¿Estamos educando en inclusión si llevamos a nuestros hijos lejos del barrio buscando un colegio mejor?  ¿Nos hemos planteado en algún momento las ventajas de que nuestra hija conviva con niños y niñas de otras nacionalidades?  Ya sabemos que niños y niñas no hacen lo que decimos, si no lo que hacemos…entonces ¿Serán solidarios si nosotros no lo somos?

Son muchas las preguntas que nos surgen en el momento de decidir sobre la educación que queremos y en la mayoría de los casos buscamos excusas para no decirnos claramente lo que no queremos oír, porque seguramente dejaríamos de gustarnos tanto.

Sin embargo, gran parte del problema está en la propia institución educativa. Nuestro sistema permite la segregación por origen en los centros educativos (no de una forma explícita, ya que la segregación está prohibida por ley, pero sí de una forma implícita en las políticas educativas de cada Comunidad Autónoma). Y si queremos una sociedad equitativa y justa ¿cómo lo vamos a conseguir si dentro de las aulas no hay diversidad?

Tenemos que replantearnos como sociedad, como comunidad, como familia,  si estamos educando en valores a una infancia ya de por sí tecnológica y deshumanizada o si por el contrario les estamos enseñando que las diferencias implican diferentes derechos.

Y que no se nos olvide: son las personas adultas quienes tenemos actitudes que segregan y separan. Observa a una niña o a un niño en el parque. Nunca verás que deja pasar la oportunidad de jugar.  ¿Y tú?