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Uno de los objetivos que nos hemos planteado en nuestra asociación es visibilizar la segregación que existe en nuestros barrios en todos los niveles sociales para que puedas ver otra realidad a la que perteneces y desde donde puedes empezar a educar y educarte en solidaridad y empatía. Quizá desde ahí, algo pueda cambiar.
Vamos a empezar por la cultura, por ejemplo en el barrio de Puerta del Ángel, que es el que mejor conocemos. Digamos que un día quiero que mi hija lea un libro. Hay varias opciones: lo compro, me lo prestan mis amigas o decido ir a la biblioteca.

Pongamos que decido ir a la biblioteca, que es un servicio público. Vamos a ir paso a paso desde nuestra casa hasta la más cercana.

1. ¿Dónde está la biblioteca del barrio?
Parece una pregunta de fácil respuesta, pero para contestarla se tienen que poner en marcha muchos recursos que, aunque no lo creas, hay familias que no tienen. Damos por sentado que todos tenemos un teléfono móvil, que tenemos “datos” de internet para navegar por la red y que sabemos leerlo y escribirlo.
¿Te imaginas que hubiera una señal vial de biblioteca en los barrios? ¿Te imaginas que hubiera un centro de información en el parque con una persona que te pudiera decir dónde ir si necesitas un libro?

2. Digamos que hemos sido capaces de saber dónde está la biblioteca más cercana.
Resulta que no está en el barrio y que tenemos que, o ir andando o ir en transporte público. Para ir en transporte público, necesitas dinero para pagarlo ¿Crees que todos tenemos dinero suficiente para ir en bus hasta Aluche o hasta Puerta Cerrada? ¿Crees que todas las familias pueden ir andando 5 km de ida y 5 de vuelta para tener un libro para leer?
¿Te imaginas que hubiera una línea de la EMT gratuita que fuera de biblioteca en biblioteca, aunque solo fuera un día a la semana?

3. Pensemos que hemos sido capaces de llegar hasta la biblioteca de Aluche. Ahora necesitamos un carnet para sacar el libro. En las bibliotecas del ayuntamiento solo tienes que presentar un documento válido para que te den el carnet. Te lo dan, puedes coger el libro y ahora tienes que volver hasta tu casa. Y repetir este proceso cada vez que quieras leer un libro nuevo o cada vez que tu hijo o hija necesite consultar alguna enciclopedia para hacer los deberes.

Y así, mirando, sumando y pensando, hemos llegado a la conclusión de que para acceder a la biblioteca necesitamos dinero (para el teléfono, para internet, para el autobús). Y claro, como no todos tenemos el mismo poder adquisitivo, no todos podemos ir a la biblioteca. ¿Quién la va a usar? Quien pueda pagarlo. ¿Quién tendrá acceso a la cultura? Quien pueda pagarla. Entonces, ¿tenemos que pagar por la cultura? Pues parece que sí.
También podemos hacer una biblioteca en el barrio, garantizando que los recursos culturales sean accesibles a todas las niñas y los niños del en las mismas condiciones.
Seguro que has visto las imágenes de familias africanas en busca de agua para abastecerse de una fuente comunitaria, niñas con garrafas que tienen que andar varios kilómetros para traerla. Pues lo mismo con la cultura. Algunas abrimos el grifo y lo tenemos todo y otras tienen que ir a la fuente, que casi siempre está muy lejos.