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¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Es una gran pregunta…

La Casa Libélula está inscrita en el registro de asociaciones de la Comunidad de Madrid desde el año 2018, pero no empezó ahí. Fue mucho antes, cuando soñamos con aportar nuestro granito de arena a la defensa de los derechos de la infancia.

Comenzamos como un hogar de Madre de Día. Estuvimos acompañando a muchos niños y niñas en sus primeros años, creando un espacio cálido, donde se pudieran desarrollar de una forma integral, respetando sus tiempos y sus necesidades. Desde ahí empezamos a observar la gran diferencia que hay entre quien puede asumir económicamente el gasto de este tipo de cuidados y las demás familias. Tampoco en la escuela pública había plazas suficientes para cubrir las necesidades y cuando las había, estaban inmersas en un sistema educativo que no favorece el trabajo de personas que, con mucha voluntad y vocación, trabajan en la atención a la infancia.

Entonces, cuidamos mejor a quien puede pagarlo. Y eso, va en contra de los derechos de igualdad que se recogen en la Convención de los Derechos de la Infancia que España ha ratificado y que se ha comprometido a cumplir.  Esa fue la semilla de lo que hoy es la Casa Libélula. Nos juntamos profesionales de la educación, de la gestión de proyectos, de la cultura…Sacamos de la chistera toda nuestra experiencia laboral y después de mucho pensar y dar unas cuantas vueltas, nació la Asociación Casa Libélula.

Decidimos crearla para acompañar a familias sin recursos en el cuidado de sus hijos e hijas y nos propusimos como objetivo principaldefender los derechos de la infancia tanto dentro de las instituciones públicas como privadas, promoviendo un cambio social, de actitudes y de valores humanos desde el ámbito de la educación y atención a la infancia, fomentando una conciencia social comprometida, movilizada y con capacidad de incidencia social y política, que luche contra un modelo social desigual e injusto, tanto en el ámbito local, como nacional e internacional”… Así consta en nuestros estatutos y no perdemos de vista en ningún momento que caminamos hacia ese sueño, sin prisas, pero sin pausas.

Empezamos un trámite burocrático que puede acabar con la paciencia de cualquiera, pero que, al final, se resuelve confiando en que la administración haga su trabajo y nos envíe, meses después, el visto bueno para seguir adelante. Ponemos en marcha toda la maquinaria de amigos, amigas y familia para conseguir muchas personas asociadas que nos apoyaran y llegar al gran momento de solicitar las subvenciones con fuerza y energía… Bueno, pues a día de hoy, tres años después, ya hemos aprendido que no es fácil, que se necesitan mínimo dos años para poder tener acceso a la mayoría de las ayudas, que las entidades grandes se quedan con un gran porcentaje de las subvenciones, que no hay apoyo para las pequeñas como nosotras y que no es suficiente con tener grandes ideas.

Pero no nos rendimos: las grandes ideas no son suficientes, pero son necesarias…Si hay que esperar, esperamos. Hemos aprovechado el tiempo de “espera” para formarnos, para crear nuestra página web, para definir nuestras líneas de trabajo, para estar más convencidas de que somos necesarias, para tejer redes, para equivocarnos… para, al fin y al cabo, aprender, como cuando éramos niñas.